Bodas | Bodas Reales

Boda en Los Lagos de Maria de Borja y Carmen.

16 septiembre, 2018

Una boda que no te va a dejar indiferente porque, además de ser preciosa, va con el relato de Carmen que es una joya y ademas celebramos su aniversario! Muchísimas felicidades por vuestro primer año de casados desde el equipo de Ella se Viste de Blanco!

Borja es asturiano y yo murciana, así que la pregunta que nos hace todo el mundo cuando nos conoce es cómo es posible que acabáramos juntos. La explicación es bastante sencilla. Cuando Borja estaba terminando teleco, recibió una oferta de trabajo para una empresa en Madrid, la misma oferta que recibió mi primo y se hicieron amigos. Dos años más tarde, era yo la que recibía una oferta de trabajo en Madrid, dándose la casualidad que, el mismo fin de semana que vine a hacer la entrevista, Borja celebraba su cumpleaños y, claro mi primo estaba invitado. Durante los 20 minutos de trayecto del tren hasta Tres Cantos, mi primo hizo una descripción de Borja nada favorable, la verdad que llegué pensando a casa con qué tipo de cretino iba a comer, aunque también que, con amigos como mi primo, no le hacían falta enemigos.

El tiempo que duró la comida cada uno estuvo en una punta de la mesa, pero cuando el grupo de personas se redujo, empezamos a hablar y aún no hemos parado.

Eso fue el 23 de febrero de 2013, y el 1 de noviembre ya nos estábamos yendo a vivir juntos en un piso de no más de 20 metros cuadrados. Una cosa estaba clara: en un piso de estas dimensiones, donde la única puerta era la del baño, sólo había dos opciones. Por suerte, sobrevivimos a aquel año.

Desde entonces hemos compartido muchísimas experiencias, buenas y malas. Recuerdo con especial cariño la tarde del 3 de agosto de 2016, hicimos el tour del Bernabéu y la verdad que lo disfruté muchísimo. Fue al salir del tour, en la puerta del estadio, dentro del coche con el que tanto kilómetros hemos recorrido (solamente en los viajes mensuales a Murcia y Asturias, imagina) donde me pidió que me casara con él. Él me regaló ese momento, la cena en el Ritz y un anillo precioso y yo le regalé los gemelos que llevó en la boda con nuestras iniciales C&B.

Lo primero que hicimos como parte de la organización de la boda fue editar un vídeo con fotos de ese día para anunciar la boda. Se lo poníamos a la gente y grabábamos sus reacciones. La verdad que me alegro mucho de haberlo hecho, nos recorrimos media España, pero merece la pena conservar las reacciones de la gente, que tenemos de todos los colores.

Y comenzaba un año de organización de un evento que queríamos que fuera una celebración, una fiesta, pero sobre todo que fuera nuestro. Durante todo ese año teníamos una idea clara, era un año de trabajo pensando en los invitados, pero a partir de las doce de la noche del día 15 de septiembre, pensaríamos en nosotros y en disfrutar.

La elección del día 16 no fue aleatoria. Sí, queríamos que fuera en septiembre así que miramos en el calendario posibles festivos para los invitados del norte (casi todos de Cantabria) y ¡bingo! el 15 de septiembre tenían fiesta.

Sí, teníamos clara la iglesia donde sería, la Parroquia de San Bartolomé, a la que pertenece la cofradía con la que salimos en Semana Santa. Cuando fuimos a reservar la fecha, también tuvimos claro que queríamos que quien oficiara la misa fuera Bibiano, fue todo un acierto.

Otro elemento clave cuando nos planteamos la organización, en un primer momento, fue contar con Eterna Prometida. Mª Fernanda había organizado la boda de mi prima en 2014, y desde luego fue la mejor boda a la que he asistido. Otra decisión totalmente acertada, tanto por la relación personal que ya nos une a ella, como por todas las facilidades que nos dio, puesto que al residir en Madrid, había veces que necesitábamos delegar en ellas algunas cuestiones. Incluso llegó a venir a Madrid a reunirse con nosotros. Desde el primer momento entendió la idea que teníamos y le entusiasmó tanto como a nosotros. Todavía recuerdo cuando vio el diseño de las invitaciones y la emoción que transmitía, deseando que las viéramos. A partir de aquí no podemos contar la organización de la boda ni el día, sin tener en cuenta la presencia de Mª Fernanda.

En la primera reunión ya nos puso las pilas, no íbamos tan bien como creíamos. Así que los primeros pasos a dar fueron encontrar una finca (teníamos claro que queríamos ese tipo de boda) y los fotógrafos.

Ella lo tuvo claro y nosotros, desde el momento en que la vimos, también. Los Lagos de María era el sitio perfecto. Un requisito que pedía Borja era que la finca tuviera piscina, le llamó mucho la atención cuando fuimos a la boda de mi prima que la finca tuviera una. Ésta no tenía piscina, pero tenía un lago, al que él mismo, le daría posteriormente un uso espectacular. Álvaro fue otra de las personas fundamentales en nuestro gran día, de hecho una de las cosas que más llamó la atención de los invitados y por la que nos pidieron que les trasladáramos las felicitaciones fue por la música en directo, que dejamos totalmente a su elección, el DJ, Abel Rodríguez, que también fue recomendación suya, encajó perfectamente con la boda y entendió desde el principio qué tipo de música queríamos escuchar y cuál no.

Con los fotógrafos tuvimos mucha suerte, Juno Producciones eran nuestros favoritos y tenían la fecha libre, y la verdad acertamos plenamente viendo el resultado tanto de las fotos como del vídeo.

La siguiente gran decisión fue el catering. Ocurrió igual que con la finca, el primer sitio que probamos nos enamoró, literalmente, tanto a nosotros como a mis padres y mi hermano que nos acompañaron. El Churra fue sin duda la mejor elección y también nos felicitaron por ellos los invitados, e incluso, me consta, que los felicitaron a ellos personalmente. Antes de ir Mª Fernanda le trasladó nuestra idea, que posteriormente recogeríamos en los menús que se encontraron los invitados en sus mesas. La idea era simple: no queríamos un menú de bogavantes y chuletones, queríamos un menú para nosotros mucho más valioso, queríamos integrar Asturias y Murcia, los platos que nos han acompañado durante toda nuestra vida. Por ejemplo, en mi caso, en mi cumpleaños y en mi santo hay ensaladilla rusa, ¿cómo no iba a haber marineras en la boda?

Ellos captaron esa idea desde el principio, nos prepararon en la cata una representación real de lo que sería el menú final y nos trataron de manera que nos hicieron sentir como en casa. Como no podía ser de otra manera Soraya e Ibáñez se convirtieron, desde ese momento, en otros imprescindibles en nuestro gran día.

El menú tuvo un papel muy importante en la boda por lo que te comento. Pero además, la disposición especial de las mesas hizo que jugáramos con las estaciones del cóctel para configurar nuestro seating plan.  ¿Qué tenían de especial nuestras mesas? Más de lo mismo, poco a poco la idea iba cogiendo forma, pero cuando nos planteamos la disposición de las mesas, la idea de mesa presidencial no encajaba. Por eso decidimos incluir dos mesas grandes de madera donde estuvieran nuestras familias y donde nosotros comeríamos unos platos en una y otros en la otra. Decidimos que fuera la familia y no los amigos porque, por regla general, los primeros se van tras la primera copa y los segundos te acompañan hasta el fin de la noche. No obstante, contamos con dos mesas más de madera (de menor dimensión) una con el grupo de nuestros amigos y otra con el grupo de amigos de mis padres que para mí son como mi familia. Con las mesas de madera tenía clarísimo que quería la estructura con bombillas a distintas alturas, vi una foto similar en Pinterest y me enamoré. Gracias a Mª Fernanda y David, el florista, quedó espectacular. Tanto que cuando fuimos a la finca dos días antes de la boda y vimos cómo se estaba haciendo realidad lo que habíamos imaginado, lloramos.

Esta disposición especial fue lo que nos llevó a no querer mostrar el seating plan completo antes de entrar en la carpa, se iba a perder el efecto sorpresa. Así que ideamos un juego. Cuando los invitados iban llegando a la finca se les entregaba una cartulina y se les explicaba el juego. Debían pasar por todas las estaciones y conseguir un sello para posteriormente dirigirse a la mesa donde las azafatas les indicarían su número de mesa. En ese momento ellas les colocaban una pegatina con su número en donde aparecía un interrogante.

El año de organización fue muy bonito, pero, al margen de la boda, hubo momentos no tan bonitos. En mayo sufrí una crisis de ansiedad y el 3 de junio fallecía uno de los invitados a la boda, mi Tito Pedro, No era mi tío de sangre, pero para mí como si lo fuera, era uno de los amigos de mis padres. Para ver qué significó y como me sentí adjunto el enlace a lo que le escribí.

Como digo en el post, me enseñó muchas cosas en vida, pero también cuando se fue. Creo que estas circunstancias me llevaron a vivir el día de mi boda de la manera que lo viví. Luego descubrí que ese tipo de bodas tenían nombre. Se trataba de una boda slow: nada de protocolo, nada de nervios y mucho de disfrutar el momento.

Y llegamos a septiembre. Casi desde el principio teníamos claro qué haríamos los primeros 15 días de septiembre y eso hicimos. Alquilamos una casa en Mazarrón en la que habíamos estado dos años antes y aprovechamos para ultimar los detalles de la boda, pero también para relajarnos. Mi madre tenía muchas dudas de esta decisión, pero luego ella misma reconoció que fue un acierto.

El momento de recoger mi vestido de novia…  Qué emoción. La verdad que todo el proceso lo disfruté muchísimo, en todas las pruebas me divertía y no quería que se acabara nunca, pero fue en Rosa Clará donde encontré el mío. Casi siempre me acompañaban mi madre y mis tías, así que a la última prueba nos fuimos con la cámara de fotos y nos hicimos una sesión de fotos que recuerdo con mucho cariño.

Pero bueno, no siempre todo sale como esperas, así que cuando llegué a mi casa de recoger mi vestido de novia, con una felicidad que me desbordaba, dispuesta a darme una ducha relajante antes de salir a cenar con mis padres y mi hermano, recibí una mala noticia, que hacía que no tuviera pendientes para la boda. Te puedes imaginar, ¡las 19 del día antes de la boda y yo sin pendientes! Menos mal que tengo un hermano y unos padres que valen millones. Mi hermano me miró y me dijo arréglate que nos vamos (todavía escribiendo esto lloro). Y mira por donde, recibí el mejor de los regalos. Llevé los pendientes que me regaló mi hermano y eso para mí vale más que cualquier cosa. Además, mi madre me regaló unos pendientes que le había regalado su padre, mi abuelo, así que otra llorera. Pero siempre de felicidad.

Mi algo azul fueron mis zapatos, unos Lodi comodísimos. Tenía claro que no quería que fueran blancos, primero porque no me llama especialmente la atención el color y segundo porque no me los iba a poner nada más que ese día y quería unos zapatos que pudiera usar más veces, ya que eran un regalo de mis tíos Antonio y Consuelo. Como detalle mío, quise incorporar un recuerdo a mis abuelos y en la suela de los zapatos pegué sus iniciales.

También llevé azul en el ramo. Todas las flores fueron de Floristería Santi http://floristeriasanti. com. Como ejemplo de su trabajo, debo decir que aluciné cuando el día de la boda, quien me trajo mi ramo de novia fue el propio David.

Si tuviera que describir el día en una palabra diría felicidad. Es verdad que sufrí un poco por el tiempo, porque en Murcia casi nunca llueve, pero ese día amenazaba con hacerlo (y días más tarde me enteré que mientras me vestía algo cayó). Hasta mi hermano alucinada. Por mi naturaleza soy más bien nerviosa y tengo tendencia a tener la cabeza en todos lados menos donde tengo que tenerla, pero ese día no, ese día me centré en el presente y lo disfruté. Lo disfruté mucho. Y creo que el resto también.

Ya te he ido contando cómo fue la misa y parte de la celebración. No obstante, aún me quedan cosas por contarte. Por la mañana fui a la peluquería a lavarme el pelo, pero peinarme me peiné en mi casa. Ella es mi peluquera de toda la vida y, aunque las novias que peina van a la peluquería, conmigo hizo una excepción. Fue un lujo contar con Mª Carmen de Ortega Estilistas. El maquillaje fue cosa de Encarna, la pareja de mi tío Raí que tan bien se portaron y se portan siempre con nosotros.

Mis tias vinieron también a mi casa para ayudar a vestirme y a quitar el protector que llevaba la perdería del vestido, que claro, una vez que le quitaron el protector se enganchaba el velo, así lo sufrieron mis amigas Maica y Begoña, a las que les encargué la tarea de colocarme el velo durante la misa.

Esta parte yo no la viví, pero te la cuento según me lo cuenta él. Desde el principio Borja quería que hubiera gaitas en la puerta de la iglesia, pero yo, también desde el principio, le dije que no. Así que se resignó y se convenció. Cuando el coche de su hermano empezó a avanzar por la calle que llega a la plaza de la iglesia las gaitas comenzaron a sonar y él sólo repetía “¡hay gaitas, hay gaitas!”. Esa fue la sorpresa que yo le di a él. Además, durante el año le había ido escribiendo cartas del tipo “Para cuando…” y en ese momento le entregaron una que ponía “Para cuando escuches las gaitas” y dentro le escribí unas palabras. Dice que se emocionó mucho.

La personalización de los detalles fue tal, que en la puerta de la iglesia repartimos botellas de agua con el logo de la boda, y saquitos de arroz también personalizados. Pero es que mi madre que está en todo, ya nos hizo el primer regalo del día, que no el único. Había conseguido que nos bordaran el logo de la boda en el saquito de las arras.

Después de la misa (y los kilos y kilos de arroz que nos cayeron) no nos fuimos a hacernos fotos. Les pedimos a los fotógrafos que fueran a la finca a fotografiar el resultado con algo de luz antes de que anocheciera y la llegada de los invitados. Teníamos tantas ganas de llegar, que, aunque hicimos tiempo, tuvimos que esperar a que se bajaran los invitados del último autobús.

En la entrada los camareros te recibían con un quinto de Estrella de Levante fresquito. A nosotros nos dieron el quinto para recorrer el pasillo hasta la zona del cóctel y una vez que entramos allí nos sirvieron un culín de sidra con el que brindamos. Los camareros de El Churra aprendieron a escanciar sidra, no nos lo podíamos creer. ¡Todo eso por nosotros!

Recuerdo estar hablando con unas amigas junto al lago cuando Mª Fernanda se acercó a decirnos que nos teníamos que quitar de allí porque pasaban los camareros. A mí me extrañó porque sabía que los camareros no pasaban por allí. Unos segundos después, se paraba la música y empezaba a hablar lo que todo el mundo definió como un locutor de radio, pero no era Borja, era su sorpresa. Como he comentado al principio, la mejor sorpresa que hubiera podido imaginar. No cosas, sino momentos.

De hecho, fue para mi el mejor momento de la boda. No soy amante de que me regalen cosas, prefiero momentos, y Borja lo sabe. Tardé un tiempo en darme cuenta de que era él, cuando en mitad del cóctel los músicos pararon y empecé a escuchar un voz. Había grabado su voz en la canción de Emborracharme de Lori Meyers y explicaba las razones por las que habíamos llegado hasta allí. Todavía hoy lo pienso y me emociono. Cuando terminó de dar las razones y para el final de la canción, salieron del lago unos chorros de fuego frío que me dejaron con la boca abierta. Fue sin duda el momento más bonito de mi vida.

Con la emoción aun en el pecho, pasamos bajo el manto de luces, que tanto capricho tenía, en dirección a la carpa. Empezamos a dar la vuelta según lo previsto mientras suena la música, pero cuando llegamos a nuestras sillas, nuestros padres estaban en el lado contrario, así que seguimos dando la vuelta mientras se trasladaban nuestros sitios. Según he podido comprobar, nadie advirtió nada y para nosotros se queda como una graciosa anécdota.

Como primer momento y, como no podía ser de otra manera, repartimos una cerveza entre todos los miembros del grupo de amigos de mis padres e hicimos un brindis por el Tito Pedro.

El ramo se lo di a mi madre  pero también repartí tres réplicas: dos para mis tías y una para mi abuela. El momento de mi tía Ana emocionada hizo llorar al fotógrafo. Los regalos a los padres y a los hermanos fueron unos tercios de cerveza personalizados, en una caja también personalizada. La idea era que “siguiéramos celebrando”. Además, incluimos una foto de pequeños con un mensaje para cada uno de ellos. A los testigos y lectores (distintos de los hermanos) les regalamos una libreta personalizada con la frase “las cosas importantes de la vida no son cosas.

Pero nosotros también recibimos regalos. Nuestros amigos, nos regalaron un cuadro que ahora preside nuestro salón. Es una foto de los dos formada por diminutas fotos de todos, pero sobre todo nos regalaron el momento de la entrega del regalo. La canción de Extremoduro, Salir, sonando y yo que quería disfrutarla y luego abrir el regalo,

Y mi madre, siguió con sus regalos. Se alió con Mª Fernanda para regalarnos una tarta y un momento corte de tarta con el que no contábamos y que ahora no cambiaríamos por nada y en el baile, unas bengalas que nos dejaron fotos tan bonitas

Ya que hablamos del baile. Mª Fernando lo tenía clarísimo, el baile sería debajo de unos árboles con tiras de luces cayendo, lo que no teníamos nosotros tan claro era el baile. Lo fuimos dejando y una tarde en Mazarrón tratamos de improvisar algo (la canción era de Melendi – Desde que estamos juntos) Aquí recibimos otro buen consejo de Mª Fernanda “no os preparéis el baile, improvisad” y la verdad que tenía toda la razón, todo fue rodado, hasta nos salió un final de película encajado con el final de la canción

Tras el baile todavía quedaban sorpresas, un video preparado con fotos por nuestros amigos y…¡una coreografía dificilísima! que todos se aprendieron, pequeños y mayores. Fue muy emocionante ver cómo se habían involucrado y las caras de emoción.

La barra libre fue el broche perfecto (o yo creía que era el broche) para una noche de 10. Todavía hay quien me recuerda “dentro de 10 años tenéis que hacer otra”, fue la frase que más escuchamos cuando la gente se despedía, sobre todo de boca de padres de niños pequeños que no podían quedarse hasta el final.

Digo que la barra libre no fue el final, porque cuando llegamos al hotel (pasamos la noche de bodas en una suite del Hotel 7 Coronas  nuestros amigos nos habían dejado alguna sorpresa en la habitación…vasitos llenos de agua y confeti por todo el suelo de la habitación, por ejemplo, lo que hizo que el final de la noche se retrasara a casi las 9 de la mañana del día siguiente. Aún así, esta experiencia también fue muy divertida y no la cambiaría por nada. Hay que hacer mención especial para el hotel y sobre todo el recepcionista de esa noche, la limpiadora que se divirtió con nosotros (la verdad que se lo tomó con muy buen humor) y la recepcionista del día siguiente (nuestros amigos escondieron malamente 100 monedas de 1 euro y acabaron en la basura, que los empleados del hotel recuperaron)

Unos días después de la boda, comenzaba otra aventura. Un viaje de novios que fue inolvidable, gracias a la atención personalizada de Alfredo en Explora Acción , pero esto ya es otra historia.

Quiero aprovechar para decirles a todos:

“Gracias, a todos los que participásteis en la boda. Proveedores, amigos y familia. Gracias porque nos regalásteis un día único, disfrutásteis con nosotros y por eso, miráramos donde miráramos, aquel día solo había sonrisas. Especialmente a mis padres ya mi hermano por estar siempre ahí.

Y a ti, Borja, gracias por acompañarme en esta aventura, porque, aunque quizá no sea fácil, seguro que merecerá la pena. Ya sabes, siempre hay algo que hace que te mire y piense, sí, el él.”

 

Wedding Planner: Eterna Prometida

Parroquia: San Bartolomé

Vestido: Rosa Clará

Finca: Los Lagos de María

Catering: Restaurante El Churra

Fotógrafos y videógrafos: Juno Producciones

Floristería: Floristería Santi

Agencia de Viajes: Explora Acción 

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