Bodas Reales | Diario de Carlota

Alberto y Carlota. Diario de una Boda II

13 junio, 2018

Meses de preparativos, muchísima ilusión y miles de sueños que cobraron forma ese precioso 10 de marzo.

Queridísimos lectores, bienvenidos la segunda parte de la crónica de nuestra boda.

¿Por dónde nos habíamos quedado?

En la primera parte os conté como fueron esos momentos previos, tanto para él como para mí. Os hablé de nuestra preciosa ceremonia, en la que las emociones fueron protagonistas. Tuvimos una banda sonora de ensueño de la mano de Elisa, Lorena, Paloma y Patricia, que hicieron con sus voces que cada momento fuese todavía más mágico.

Y después, esa salida. Todo lo que veía a nuestro alrededor eran sonrisas y un cielo teñido por los colores que habíamos elegido para ese día.

Y yo ya no temblaba, porque su mano agarraba fuerte la mía. Era el momento de emprender ese nuevo camino.

Nos montamos en ese increíble coche que me había llevado hasta la iglesia y nos pusimos rumbo al hotel.

Tras la ceremonia a ellos les esperaba el cocktail y a nosotros un pequeño reportaje dentro de las instalaciones del Reina Petronila. Queríamos aprovechar y estar con nuestra gente por lo que hubo que recortar un poco el tiempo destinado a las fotos.

Y si, llovió. En el momento el que ya estábamos en el hotel empezó a llover a mares, y esas cosas hay que aprovecharlas. Una lluvia y la casualidad de que una chica saliese del hotel en ese momento con un paraguas blanco dieron como resultado mi foto favorita del reportaje.

El reportaje fue breve pero increíble, la verdad que Ainhoa y Esther hicieron que todo fuese más sencillo. Y la suma de profesionalidad y complicidad dio como resultado unas fotos tan bonitas como estas.

Estábamos relajados y disfrutando, pero nuestra cabeza realmente estaba en otro sitio. Nos apetecía compartir nuestra felicidad con toda esa gente que nos estaba esperando.

Una vez que subimos con ellos, todo pareció fácil. Ya no había nervios, yo no podía parar de sonreír y Alberto desprendía amor y felicidad en cada mirada.

Al final una boda es o debe de ser eso. Una celebración del amor con la gente que quieres. Con todas esas personas que día tras día nos hacen ser felices.

Los que están cerca, con los que compartimos horas de oficina, confidencias, bailes, partidos, cafés y cervezas.

Y también con aquellos que están lejos, porque cuando se trata de amor en el más amplio sentido de la palabra, no hay distancia capaz de separarnos. Los kilómetros dejan de importar y solo cuentan esas visitas expres, las escapadas, las llamadas y los mensajes que hacen que nuestros caminos siempre permanezcan unidos.

Un día para estar con la familia, para agradecer a nuestros padres todo lo que han dado por nosotros. Gracias a ellos somos lo que somos a día de hoy. Ellos nos han enseñado a amar, a darlo todo por alguien sin importar nada más, sin condiciones, sin límites, sin egoísmo.

Personalmente me habéis enseñado a ser una mujer fuerte y segura de mi misma, sin olvidar ni por un momento a la niña que fui. A luchar por lo que quiero y por lo que es justo, siempre con una sonrisa. No puedo estar más orgullosa de ser vuestra hija.

Un día para estar con los mayores. Para decirles que, sin duda, las más bonitas de todas son ellas. Ellas, que cuando nos abrazan hacen que desaparezca el dolor. Ellas, que nos aconsejan, nos consienten y nos quieren sin medida. Ellas, que yo sé que son eternas.

Para compartir nuestra felicidad con esas personas que han crecido a nuestro lado.

Las que hacen la vida rosa, las que nos enseñan a creer en la magia. A ella, como no podía ser de otra manera, le di mi ramo. Un símbolo de ese día, de toda la felicidad que tu prima mayor vivió ese 10 de marzo, no podía tener un destino mejor que tus manos Elisa.

Con ella, que ha crecido a su lado, con la que ha compartido mil momentos y que le ha dado el mejor regalo que podíamos imaginar, nuestra dulce Mia.

Contigo, que me has cuidado cuando estaba mala y nunca me has dejado sola. Y es que, si nos tenemos la una a la otra, nunca estaremos solas.

No solo nosotros tuvimos sorpresas y detalles para ellos.

Nunca me cansaré de decir que nos rodeamos de gente increíblemente maravillosa, y ellos también nos sorprendieron. Detalles, bailes y brindis acompañados de preciosas palabras, y de lágrimas en mi caso. Hicieron que las emociones estuviesen a flor de piel desde el primer momento hasta el último.

El salón decorado por Love Story, los detalles de Mari Golosa y los meseros que preparamos nosotros cada uno en su sitio dieron comienzo a una comida que por lo que dicen estuvo genial.

Estaba convencida de que eso de que los novios no comen el día de la boda era un bulo. Pues no, es cierto. Probé un poco de todo, pero no comí nada, a excepción del sorbete y el postre. En mi caso el motivo es que me pasé toda la comida de mesa en mesa hablando con la gente. Para desesperación de mi recién estrenado marido y mis padres, pero no lo podía evitar y creo que fue una gran decisión.

El día se estaba acabando, pero aún quedaban algunos momentos especiales, esos en los que todo el mundo te mira cámara en mano.

Por ejemplo, el corte de la tarta.

Sonando la canción de “City of Stars” de la película Lalaland. Nuestras tartas de red velvet, una de ellas coronada con los preciosos muñecos personalizados que nos hicieron en Cuélgame. ¿Y qué hago yo? Pues tirarla.

Como os adelanté no fue a propósito, pero sí que fue un momento con el que me siento muy identificada. En estos años he visto ya tantas veces esa expresión en la cara de Alberto que, en el día de nuestra boda, no podía faltar.

Y quedaba solo un momento más, antes de desmelenarnos y olvidarnos del poco protocolo que nos pudiese quedar.

El primer baile, nuestro baile.

Horas de ensayo, una recuperación de clavícula de por medio; Azahara, una profesora, mi super profesora, con una paciencia y amor infinitos y unos amigos que si les dices “¿bailas?” te responden “¿A caso tengo opción?”, y no, no la tenían.

Tres canciones. La primera de ellas “This is your song” cantada por Ewan McGregor en Moulin Rouge.

La segunda y aunque parezca increíble era la canción de Super Mario. Si, se puede bailar, si algo he aprendido con Azahara es que, si ella le pone pasos, se puede bailar todo.

Y, por último, y aquí entraban nuestros amigos, “500 miles”. “Porque cuando me despierte, sé que voy a ser la mujer que se despierte a tu lado. Porque caminaría 500 millas y después 500 millas más solo por ser la mujer que camine 1000 millas para caer frente a tu puerta”.

Fue el primer baile más maravilloso del mundo. Ese día no lo pensé así y por un momento, cuando el Dj cortó la canción que con tanto cariño habíamos preparado todos, antes de que acabase; me giré hacia él y solo una mirada hizo que mi amigo Jorge pensará, “Dj corre…”.

Pero solo fue un momento, porque lo importante de ese baile era el momento y todo lo que había detrás. Los ensayos con Alberto, las risas en clase, y esos 26 amigos que dejando su vergüenza a un lado dijeron si hay que bailar se baila.

Todo lo que se esforzaron, ese momento delante del resto de invitados con ellos al lado fue perfecto. Y os prometo que “perfecto” no lo hacíamos ninguno, pero dimos todo de nosotros y conseguimos que fuese el mejor primer baile de la historia.

Y queridos lectores, así fue nuestra boda. Única, llena de detalles, en tonos granates y azules, con risas y lágrimas, pero sobretodo… con amor, con muchísimo amor.

Un amor que nos sigue acompañando cada día. Un hombre que me sigue mirando con los mismos ojos brillantes cuando me tomo el café en pijama por las mañanas.

Un matrimonio que comenzó un 10 de marzo y que vio sus primeros amaneceres en Tailandia.

 

Carlota


Fotografía Cabecera:  Lady Black Photography

Fotografías: Lady Black Photography

Maquillaje: Ester MAC

Peluquería: Cristina Cisneros

Vestido de Novia: Rosa Clará

Traje del Novio: Pedro del Hierro

Ramo y Prendidos: El jardín de Paula

Complementos Novia: Pandora, Menbur, Pintalonas y Al Sur del Norte

Corona de Flores: Tocados Lorbichi

Video: 5 y acción

Decoración Restaurante: Love Story

Detalle Mermelada Artesana: Mari Golosa

Muñecos tarta: Cuélgame

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