Bodas Reales | Diario de Carlota

Alberto y Carlota. Diario de una Boda.

23 mayo, 2018

Meses de preparativos, muchísima ilusión y miles de sueños. Un camino que, como todos, tuvo pequeños baches. Pero fue un camino que, ese 10 de marzo, puso fin a una etapa increíble cuando el coche paró enfrente suyo en la puerta de esa iglesia.

Queridísimos lectores, bienvenidos a la crónica de nuestra boda.

Empecemos por el día anterior. Recuerdo ese 9 de marzo como un día precioso, creo que de algún modo alguien le añadió horas para que pudiéramos llegar a todo.

Yo no paraba de sonreír correteando de un lado para otro y él, el hombre más tranquilo del planeta, se puso nervioso.

Ese día nos dividimos, había que decorar la iglesia y preparar el salón del banquete en el Hotel Reina Petronila. Siempre he dicho que nos rodeamos de gente maravillosa, y ese día tuvimos a familia y amigos que no permitieron que en ningún momento nos desbordara la situación.

Su día 9 de marzo acabó a las 23:00 aproximadamente, el mío a las 3:30 de la mañana. Cuenta la leyenda que la novia se tiene que ir pronto a dormir el día de antes. Lo que no cuenta es que hay novias como yo, que en vez de ver horas de sueño ven momentos que le dan la oportunidad de acabar un detalle para sus chicas. ¿Los podía haber hecho antes? Si mama, ya siento que durmieras poco. Pero ese fue un gran momento.

Pedacitos de ellas forman parte de mí, y ese día quería que ellas tuvieran un pedacito mío, en concreto de mi vestido.

El día 10 de marzo empezó como cabía esperar, con sueño. Mi madre y yo apenas dormimos tres horas, pero cuando abrí los ojos ahí estaba ella. Como en cada momento importante de mi vida. Acompañándome, feliz y radiante, con un café en la mano y preparándome un baño de burbujas como cuando era pequeña.

Quien le puso las horas al día anterior se las estaba quitando al día, hasta la fecha, mas especial de nuestras vidas.

Ester, que como ya sabéis fue nuestra maquilladora llegó la primera. Después Cristina Cisneros. Son tan increíbles como profesionales y como personas que no puedo estar más feliz de haberlas elegido a ellas.

¿Nervios? Aún no muchos. ¿Emoción? Toda, cada detalle, cada mensaje, un ramo de flores de mi futuro marido con una nota, la llegada de cada persona a la habitación… todo me hacía emocionarme.

Aún ahora recordando cada uno de los momentos, de las miradas al entrar por la puerta, algo se mueve en mí. Cuando llegue vuestro día disfrutad también de eso, no dejéis que los nervios os puedan, porque recuerdo esos momentos previos con tanta felicidad y cariño, que merece la pena mantener la calma.

Al hotel llegaron más personas, dos de granate, sonrientes y un pelín nerviosas. Mis Martas, estaban preciosas. Siempre brillan con luz propia, aunque este oscuro, pero ese día especialmente.

Llegó también ella, uno de mis pilares en estos 27 años de vida, Nadia. Y vino con el pequeño amor de mi vida, Einar. Que abrazo a su tía en pijama y miraba incrédulo la cantidad de gente que podía entrar en una habitación de hotel.

Llegaron más sorpresas, una en tamaño bebe y dormidita. Cuando aparecieron ellas, Carol y Ainhoa, y yo aún estaba intentando no llorar para que la raya negra del ojo se quedará en su sitio, sabía que íbamos tarde.

Sé que Alberto estaba bien, que sus nervios habían disminuido respecto al día anterior. Y que Esther, la fotógrafa, ya estaba en casa de su madre. Y él, rodeado de las otras mujeres de su vida, Carmen, Julia y Mia; se estaba preparando para ser el novio más guapo de la historia.

El tiempo iba pasando, y rodeada de algunas de las mujeres más importantes para mí, llegó el momento. Cuando cambiamos de habitación y vi que todo estaba preparado, y que mi vestido estaba colgado esperándome sentí una mezcla de emociones.

Fue increíble.

Uno de los momentos más especiales fue el “first look” con mi padre, que básicamente es captar el momento en el que nos vemos por primera vez.

Me gustan mucho esos momentos, me encanta ver esa primera impresión, la magia que se desprende, la sinceridad de una mirada.

A todo esto, Alberto ya estaba en la iglesia, al igual que casi todos nuestros invitados. Vamos tarde. Y ya ahí sí que me puse nerviosa. Tengo fama de tardona, pero os prometo que esta vez no fue voluntario. Porque para mí todo fue idílico, pero eso no quiere decir que no hubiese pequeños contratiempos.

Siempre hay contratiempos y cosas que se nos escapen, bien porque no dependan de nosotros o porque a esas alturas ya no tengan solución. ¿Un consejo? Sonrisa y adelante. Teníamos claro que nada iba a estropearnos el día.

Pero volvamos al día, porque yo iba tarde, pero me esperaba una sorpresa en la puerta. Sergio era el encargado de llevarme, ¿el coche? pues debería de haber sido el nuestro. Mi sorpresa fue cuando al llegar a la puerta del hotel, Alberto y mi madre habían alquilado un precioso coche.

Era espectacular y la verdad que me resultó espectacularmente complicado y divertido a partes iguales meterme dentro.

Fue ahí en ese coche, con Sergio como chofer y mi padre detrás con un ramo de novia en las manos cuando me puse aún más nerviosa.

¿Me casaba? Me casaba. Llegaba casi media hora tarde. Me aseguré de que Alberto siguiese esperando en la iglesia. Y recorrí el camino hasta el hotel dándome ánimos a mí misma y repitiéndome “Vamos, vamos, vamos”.

Pero cuando llegué a la iglesia, y le vi ahí de pie, con los ojos vidriosos y sin parar de sonreír. Estaba tan guapo, seguía siendo tan él que solo podía mirarle y sentirme la mujer más afortunada del mundo.

Había llegado nuestro día, y ahí estaban todos. Iban todos súper guapos y a pesar de las nubes, os puedo asegurar que el día brillaba.

¿Su entrada a la iglesia? Con la canción de “Leyendas de Pasión” tocada a piano por Lorena, del brazo de su madre y con las pequeñas Valeria y Martina delante.

¿Mi entrada? Para mí fue uno de los momentos más especiales. Agarrada del brazo de mi padre, mirando a cada una de las personas que habían querido compartir ese día con nosotros. Él de pie, esperando en el altar. Delante de mi iba Alicia, con Einar en una mano y Mia en la otra. Y sonando ella y su ukelele. Elisa, estaba cantando esa particular versión de “La vie en Rose” que había preparado con todo el amor del mundo y alguna lágrima que otra.

Fue lo más bonito y tierno del mundo. No podía imaginar una entrada mejor.

Ese camino que marcaba un cambio de etapa, un nuevo comienzo en nuestra historia, para mí, fue uno de los momentos más especiales.

La ceremonia fue como lo habíamos imaginado. Personal, con detalles que marcaban la diferencia y, tal como soñamos, llena de emociones.

La última página del Diario antes de la boda acabó así.

Pues bien, así fueron mi votos y en el altar tras las frases que el párroco nos había indicado días anteriores que debíamos leer, le mire a los ojos y eso fue lo que le dije.

La ceremonia termino con la canción de “Hay un amigo en mi”, con nuestras firmas y las de nuestros maravillosos testigos Jorge y Chema.

Al salir, ese confeti que habíamos preparado con amor y la mano de obra de nuestros amigos, llenó el cielo de nuestros colores. Pompas de jabón y pétalos de rosas rojas completaron esa salida ya como marido y mujer.

Y yo ya no temblaba, solo miraba a mi alrededor y sonreía. No solo éramos afortunados por habernos encontrado el uno al otro, también lo éramos por poder tener gente tan maravillosa con la que compartir esos momentos.

¿Qué vino después? El próximo miércoles la segunda parte del Diario de una Boda. Os espero.

Carlota


Fotografía Cabecera:  Lady Black Photography

Fotografías: Lady Black Photography

Maquillaje: Ester MAC

Peluquería: Cristina Cisneros

Vestido de Novia: Rosa Clará

Traje del Novio: Pedro del Hierro

Ramo y Prendidos: El jardín de Paula

Complementos Novia: Pandora, Menbur, Pintalonas y Al Sur del Norte

Corona de Flores: Tocados Lorbichi

Decoración: Ana Cristina Lancis

 

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