Bodas Reales | Diario de Carlota

Diario de una Novia Urbana: Con una sonrisa en los labios.

22 noviembre, 2017
Diario de una novia urbana

Queridos lectores, bienvenidos un miércoles más a este diario. Al contrario de la semana pasada, hoy es un miércoles en calma y cada vez que pienso en el viernes pasado, es inevitable que, una enorme sonrisa, se dibuje en mi cara.

Esta página tiene ese objetivo, que vosotros, desde vuestra casa, el bus, el trabajo o desde cualquier rinconcillo donde estéis leyendo estas líneas, consigáis contagiaros de esa sonrisa.

Queridos lectores, bienvenidos un miércoles más a un salto en el tiempo. Viernes 17 de noviembre del 2017.

Os podría decir que el día empezó como cualquier otro, mentiría. Me desperté nerviosa, menos de lo que me había acostado esa noche. Y solo era la prueba… miedo me da la semana de la boda. Bueno, realmente, el miedo se lo da a la gente que me rodea. A la que aprovecho para decir: GRACIAS por tanta paciencia y tanto cariño.

Personalmente, cuando algo me da, mil millones de vueltas por la cabeza, intento distraerme. Y no hay mayor distracción que, desayunar con Nadia e intentar pintar con Einar.

El tiempo pasó increíblemente rápido. Y entonces, llegó Sergio, para llevarme a la primera parada. Él es único, tiene una paciencia infinita y siempre está dispuesto a acercarme para que yo llegue a tiempo a los sitios. Por eso, quiero aprovechar también esta página, para pedirle algo. Sergio, ¿te encargarás de qué, ese 10 de marzo, llegué a tiempo a la iglesia?

El salón de Cristina Cisneros fue mi primera parada. No hicimos la prueba oficial, simplemente se encargó de que me viese preciosa, y de que mis nervios, fuesen disminuyendo.

Lo consiguió. Solo os diré que Cristina es increíble, y que no puedo estar más feliz de que me acompañe en esta aventura.

La segunda parada fue el maquillaje, de mano de Esther de la marca MAC. Al principio me hacía preguntas qué, por mi falta de experiencia, no sabía contestar muy bien. Lo único que tenía claro es que, dada mi tendencia a emocionarme hasta con los anuncios, todo tenía que ser watterproof. Enseguida entendió lo que quería, y el resultado, juzgad vosotros mismos.

Consiguió que me sintiese yo misma, que no tuviera que buscarme debajo del maquillaje. Porque, al mirarme al espejo, me vi preciosa y me vi a mí.

Y esos nervios, que se me habían ido pasando, volvieron. Acompañados de una risa nerviosa y una video llamada a mi padre en el centro de Zaragoza.

Por fin, cuando llegó el momento, no hubo nervios. Porque, como en cada paso importante de mi vida, vi que mi madre estaba al lado con una sonrisa. Y al otro lado, la persona que hace que mi vida sea más rosa, cuándo ella la canta, Elisa.

Delante, Rosa Clará, esperando impaciente para verme vestida de blanco, con uno de sus vestidos de la colección 2018. (Os daría más datos, pero creo que mi madre teme, cada miércoles, que desvele más de la cuenta…)

Ahí estábamos nosotras, y dentro del probador el vestido. Me preparé lo mejor que pude. Antes de ponerme la primera media, ya le había hecho una carrera. Nota: comprar medias de repuesto para el día de la boda.

Llegado el momento Marian, que es como un ángel convertido en dependienta de Rosa Clará, sacó el vestido de la bolsa y me lo puso. Un broche interior, una cremallera y 4 de los 40 botones (si cariño, lleva 40 botones) después. Ahí estaba. Era una novia. Era yo.

Mi vestido es lo más yo que puede ser, alguna persona que lo ha visto lo ha confirmado, es dulce, es divertido y, gracias a Marta Neri, es alocado.

Tengo que reconocer algo, no me pareció lo más cómodo del mundo… pero era nuestra primera vez juntos, aún tengo que pillarle el truco. ¡Ah! Y tengo que aprender a sentarme… novias del mundo, acepto consejos.

Mi madre me miraba feliz, y verla así de feliz aún me pone más contenta. Lo primero que vi en Elisa fueron sus ojos, me miraba con ojos de amor y así supe que de verdad estaba, exactamente, como tenía que estar.  Mi padre, a través de video llamada me dijo que estaba preciosa, y dio su aprobación a que fuese con zapatos granates.

Teníais razón, me vi radiante. Pero creo, que más allá de lo que llevaba puesto, era mi actitud lo que me hizo ver tan guapa.

Porque el día de la boda se acaba. Los vestidos, los trajes, las flores… acaban por olvidarse. Y con el paso del tiempo, lo que quedan, son las sensaciones. El recuerdo de lo felices que estaban los novios, de la sonrisa que ella tenía al salir del coche; de esa lágrima, que le recorrió la mejilla a él, cuando la vio por primera vez. De ese guiño a los bancos, mientras camina al altar; de la felicidad de ese padre mientras su hija le bailaba sevillanas. De esa prima mayor, a la que le daba vergüenza que la mirasen, pero como no mirarla, si deslumbraba…

 

Boda de Nadia y Manu

 

Boda de Ana y Rodrigo

 

Boda de Vero y Javi

 

Boda de Silvia y César

 

Boda de Carol y Víctor

 

Boda de Vanessa y Nacho

 

Yo quiero eso. Las sonrisas, las miradas, las mariposas en la tripa… Quiero qué, llegado el momento veáis mi vestido, por supuesto. Pero hoy, quiero compartir con vosotros esa otra parte, la que me hace seguir siendo yo, vestida de novia o con un pijama de Harry Potter.

La parte que espero que todos recuerden el 11 de marzo.

Os he dicho que hoy quería contagiaros una sonrisa, no sé si lo habré conseguido. Si es que sí, me hacéis inmensamente feliz y si es que no, no pasa nada, yo seguiré intentándolo, pero, mientras tanto, en un miércoles de calma como es hoy, buscad aquello, que encienda vuestra alma y os haga inmensamente felices.

Hasta la próxima página.

Carlota


Fotografía Cabecera: Lady Black Photography

Peluquería y maquillaje: Salón Cristina Cisneros y Esther Maquilladora MAC

Fotografías Novias: Nadia (Carlota Turón), Ana (Foto Estudio Luis Zaragoza)Vero (Lady Black Photography), Silvia (Almozara Fotografía), Carol (Marta) y Vanessa (Miranda Fotografía)

Resto de Fotografías: Carlota Turón y Elisa Ibáñez

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